Por una cultura creativa

Lee+ es la revista oficial de librerías Gandhi, que tiene como objetivo acercar a los lectores que visitan nuestras librerías a lo mejor del arte, la cultura y el entretenimiento.

Creemos que la cultura debe estar al alcance de todos y bajo esta premisa hemos desarrollado la línea editorial de Lee+.

 

Artículos Destacados

PEREGRINAJES NERD

Al bajar del barco lo primero que vi fue un anuncio de Sprite en árabe. En ese momento entendí el concepto de shock cultural. Tánger nos recibió con un calor sofocante. Deyanira Torres, Pepe Rojo y yo veníamos desde el norte de España, donde habíamos estado varios días en un festival literario. Nuestros amigos españoles nos previnieron que no fuéramos. “Esos moros son muy jodidos”, dijo uno de ellos. “A lo mejor te ofrecen diez camellos por Deyanira”, dijo otro a Pepe. “Yo digo que veinte”, remató uno más.

Yo viajaba. El viaje mochilero de rigor. “Ese viaje que cambiará tu vida”, se burlaban otros amigos míos, aún más nerds que yo que nunca viajaron. Ya no era ningún jovencito. Había querido conocer Europa toda mi vida y sólo lo logré cuando pude pagármelo yo mismo. Mi viaje de backpack coincidió con una invitación a Pepe para asistir a un festival literario europeo. Le pagaban los gastos de estancia a él y su mujer. Cínicamente me les pegué. Me aceptaron generosos.

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SIEMPRE EN MOVIMIENTO

Nunca te quedes quieto. Nunca te detengas. Nunca dejes que la inmovilidad se apropie de ti, de tu cabeza. Nunca quedarse. Nunca desistir. El cine es un viaje desde donde se le vea. Mecánicamente tenemos que llegar del principio al final de la cinta, haciendo engranar a los sprockets tirando hacia el final para que 24 cuadros pasen frente a la luz cada segundo. El segundo descompuesto en 24 fotogramas es un viaje. Lo que ocurra en la suma de 2 horas de fotogramas es la multiplicación, el exponente a la locura de ese primer viaje mecánico.

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LAS FÁBULAS DEL TÍO HOFS: ¿IR O NO IR?

Tortuga:    Ir o no ir, esa es la cuestión.
Aquiles:    Una humilde opinión: creo que debería ir.
Tortuga:    Pero si aún no conoce mis motivos para…
Aquiles:    Cierto. Pero lleva más de media hora con eso. Y, además, me está tapando la tele. ¡Vaya!
Tortuga:    Es que es uno de esos viajes de los que, al volver, se puede regresar siendo otro.
Aquiles:    ¿Otro cómo?
Tortuga:    La mirada perdida, la quijada colgante, la nula respuesta a los estímulos…
Aquiles:    Esto es por lo que está escribiendo, ¿no? Otra humilde opinión: Si adonde va no hay tiempos compartidos o tours de quinceañeras, recapacite. Tal vez sea mordido por algo que aún no haya descubierto la ciencia.
Tortuga:    Pero es que hay textos que demandan tales sacrificios…
Aquiles:    Oh, oh... Detecto la flaubertiana preocupación de no atreverse a escribir de los cartagineses si no se ha pisado Cartago alguna vez, ¿cierto?
Tortuga:    Más o menos.

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¿UN LIBROVIAJE O UN VIAJELIBRO?

Viajar y leer tienen tanto en común que a veces ni siquiera distingues qué fue lo que sucedió primero. La cosa se pone aún más enredada cuando al par de actos le da por intercambiar lugares y de pronto hallas libros en los viajes o viajes en los libros y llegas a ese punto en el que viajar y leer ya te parecen lo mismo. El colmo de los colmos es llevarte un libro al viaje y a medio viaje irte de viaje al libro. Aunque esto resulta particularmente útil en los viajes familiares, en los que nada sale como se planea, nadie se pone de acuerdo, parece una tarea imposible hacer felices a todos, pero de alguna manera insólita, al final las cosas se resuelven bien. Y para muestra: Mini va a la playa.

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LA CONCIENCIA RASGADA

Partes hacia un sitio porque ese sitio, un sitio que no conoces, se ha metido en tu mente. Eso que habita tu mente no es el sitio. Aunque hayas visto fotos: las formas son lo menos importante de un lugar. Falta la temperatura de los colores, el peso de los aromas, las desviaciones que la luz sufre en los ojos de los locales. Entonces partes hacia lo desconocido. Y partes porque el vértigo del deseo ha inoculado tu mente. Y ahora es imposible detenerse. Las estructuras imaginadas se rompen conforme te acercas a lo ignoto. La fantasía, lo estructurado, lo fijo: las imágenes incubadas en el seguro útero de nuestra percepción te brindan un sentido hogareño. Pero avanzas y todo se deshace. La realidad rasga la conciencia, su antagonista por excelencia. La verdad, aquella alada y escurridiza hada, se esconde. Es la némesis primigenia del pensamiento. Y las nuevas formas dan pie al arrojo de lo oculto. Los velos se destapan y el pasado ya no explica la mirada. Tardas en unir conceptos porque eso a lo que te enfrentas no tiene una palabra y un sentido asignado en tu mente. Oyes voces. Voces que no hablan el mismo idioma que tú. Percibes olores que tu mente no logra traducir en una imagen. Pisas la tierra cuyo crujir no es aquel de la vieja tierra dando acuse de recibo de tus pasos. Respiras más velozmente porque el aire que entra a tus pulmones tiene un peso específico distinto, una densidad alterada. Si tienes la mente puesta en el destino, has ignorado lo importante: el trayecto. La llegada no es sino un mero resumen del viaje. El verdadero viajero, el paseante incansable, sabe que el fluir transformador que devora la distancia también devora nuestra vida. Y cada paso es un paso que damos hacia la muerte.

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