CANCIÓN CALICHE

CANCIÓN CALICHE

Sé que todo mundo hablará de Carlos Fuentes como el gran narrador de la ciudad de México, como el primero que la convirtió en personaje omnipresente en su forma de megalópolis. Que José Emilio Pacheco le cantó a aquella ciudad deshecha, gris, monstruosa como nadie.  Así que hoy no voy a hablar de libros. En esta ocasión la columna será musical.

¿Cuáles son mis canciones favoritas sobre la ciudad de México? Sé que todo mundo tiene las suyas. Que una lista como ésta necesariamente generará pasiones, desencuentros y coincidencias. Así que parafraseando a Groucho Marx, éstas son mis canciones, si no les gustan tengo otras. Muchas otras.

Abriría fuego declarando que a riesgo de ganarme enemistades al por mayor, detesto aquella canción de Guadalupe Trigo llamada precisa e imaginativamente “Mi ciudad” y que popularizara Guadalupe Pineda. Como don Lupe Trigo ya no está entre nosotros para replicar lo aquí escrito o romperme la cara, no abundo sobre ella ni por qué la aborrezco.

A cambio, en un tono muy similar a ésta me gusta mucho “San Juan de Letrán”, del yucateco Sergio Esquivel. Emotiva estampa musical, pequeña carta de amor a su tierra adoptiva que escribiera este hombre que nada más por haber compuesto aquel himno a la baja autoestima llamado “Un tipo como yo” ya tiene méritos suficientes para la inmortalidad.

Nunca fui entusiasta de Álex Lora y su Tri, me separan motivos generacionales, estéticos e ideológicos. Pero tengo debilidad por aquella canción rabiosa llamada “Hasta que el cuerpo aguante”, de los ya lejanos años ochenta con su velada referencia al temblor del 85. Más cercano a mis afectos es León Chávez Teixeiro, cantautor y activista político jamás valorado como se merece y que desde hace ya muchos años vive autoexiliado en el extranjero. Él ha compuesto un puñado de rolas entrañables sobre los ambientes urbanos semi marginados. Canción de denuncia que sin embargo se da tiempo para el vuelo lírico. De entre muchas, me quedo con “La mujer (se va la vida, compañera)”, canción melancólica donde las haya. Ésta última, de alguna manera que intuyo con más facilidad de lo que puedo explicar, aparece ante mí como íntimamente relacionada con “La patita” del genial Cri Cri. Canciones sobre abnegadas amas de casa. Ninguna de las dos menciona en ningún momento a la ciudad ni necesita hacerlo para ser profundamente urbanas.

“Alármala de tos”, de Botellita de Jerez, es una de mis canciones más entrañables. ¿Es posible hacer música a partir del rígido estilo periodístico de los tabloides sensacionalistas? Lo es. Lo demostraron Arau, Barrios y Vega Gil en uno de sus momentos más inspirados. Años después Café Tacvba haría una versión donde lograron la, al parecer, imposible proeza de combinar a la Botella con los Smashing Pumpkins.

Hablando de los Tacvbitos, sin lugar a dudas la más grande banda de rock jamás salida de esta ciudad (aunque sean de Satélite), sin duda han sido varias las canciones que le han hecho a nuestro adorado monstruo de concreto. De ellas, destacan “La zonaja”, dedicada a la legendaria Zona Rosa, y “El metro”, que es una minificción sobre alguien que queda atrapado dentro de los vagones subterráneos.

Sin embargo es “Chilanga banda”, compuesta por Jaime López, la canción que será recordada por mi generación como el himno defeño por excelencia con sus interminables palabras de argot que empiezan con che.

Pero... damas y caballeros, nuestra monstruosa metrópoli jamás ha tenido cantor más glorioso que Chava Flores. Y para prueba tome usted la canción que quiera, al azar. El catálogo de este sensacional bardo oriundo del barrio de la Merced es una cámara de maravillas. “Los quince años de Espergencia”, “La tertulia”, “Dos horas de balazos”, “Los gorrones”, “El gato viudo”, “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”, “La taquiza”, “Los pulques de Apan”, “Peso sobre peso”, “Concha querida”, “Voy en el metro”, pero quizá por sobre todas estas joyas se eleve “Sábado Distrito Federal”, que a casi medio siglo de compuesta sigue siendo vigente. Véase si no:

Desde las diez ya no hay donde parar el coche, ni un ruletero que lo quiera a uno llevar,
llegar al centro, atravesarlo es un desmoche, un hormiguero no tiene tanto animal.
Los almacenes y las tiendas son alarde de multitudes que así llegan a comprar,
al puro fiado porque está la cosa que arde, al banco llegan nada más para sacar.

Nunca valorado en su justa dimensión, Chava Flores murió en 1987. Afortunadamente editorial Ageleste editó un monumental cancionero que reúne la letra de sus canciones con una sensacional portada de Gabriel Vargas (autor de La familia Burrón).

Sé que no faltará quien diga que faltó ésta o aquella canción. Les sugiero que hagan sus propias listas mientras leen El rey criollo de Parménides García Saldaña, por ejemplo. +

POR BEF. Bernardo Fernández, Dibujante de cómics y novelista chilango, cosecha del 72.

Imagen: Café Tacuba, la chilanga banda de Ciudad Satélite.

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