DE REBELDES IMAGINARIOS, ACCIDENTALES Y DESFACHATADOS

DE REBELDES IMAGINARIOS, ACCIDENTALES Y DESFACHATADOS

Palabras más, palabras menos, la mayoría de los diccionarios de la lengua española coinciden en llamar rebelde a todo aquel que es desobediente. Luego rematan refiriéndose a la desobediencia como la resistencia de una persona a cumplir con lo que se le ordena. Lo que ningún diccionario toma en cuenta es que hay días en que el mundo amanece de cabeza: a veces actuar como un niño bien portado que respeta las reglas sólo conduce al desastre, mientras que comportarse como un pequeño granuja mimado es lo único que alguien como Konrad puede hacer, si es que quiere seguir siendo el niño ejemplar que es. Konrad o el niño que salió de una lata de conservas es uno de los libros más divertidos que he leído en años, incluye instrucciones precisas para estropear infantes y poner a consideración las normas establecidas en casa.

En otra parte del mapa están los rebeldes accidentales, aquellos incomprendidos cuyo actuar desobediente no responde a un deseo de rebeldía, sino al llamado genuino de la naturaleza: a un intento de ser quien se es en el mundo. Así, en El oso que no lo era se relata la historia de un oso que durante el invierno halló una cueva en el bosque en la que hibernar. Durmió hasta llegada la primavera y cuando despertó el mundo a su alrededor ya no era el mismo: en vez de bosque había una fábrica y a él nadie le creía que era un oso; ¡todos le llamaban un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles!

Ya me imagino el tamaño de alboroto que armarían los hombrecitos miopes y necios que no podían ni distinguir a un oso, en caso de que se toparan con un libro como el Soñario. O diccionario de sueños del Dr. Maravillas. Seguro que comprarían espacios en todos los periódicos para emitir la siguiente advertencia: "Atención aficionados a la lectura, ejemplares de este libro han sido infiltrados en casi todas de las librerías, su contenido altamente subversivo amenaza con disparar la imaginación de cualquiera que se atreva a hojearlo". Los niños son el grupo más vulnerable: se rumora que después de leer el Soñario, comienzan a ver cosas extrañas en cualquier parte, inventan animales, palabras, objetos imposibles y luego se ríen a carcajada suelta de sus ocurrencias locas, sin importarles el desconcierto que provocan en aquellos respetuosos de las formas, quienes no comprenden ni pizca de lo que les habla el niño. Porque, ¿acaso puede existir una bagüeña (mamífero con forma de pez que anida en torres y árboles)? ¿O un autofante (vehículo automóvil que vive en las selvas del África)?

Por último mencionaré un ejemplo de rebeldía desfachatada: el libro Agua en polvo. Basta con leer el título para deducir que los cuatro cuentos que componen el libro están nutridos de ideas absurdas, de las que a lo largo de la historia de la humanidad han dado pie a la creación de más ideas absurdas (de esas que luego generan inventos) y a la creencia de que la realidad no se compone tan sólo de aquello que se puede percibir con los sentidos, sino también de todo eso que se puede imaginar.

Ay, como diría algún cliente asiduo de esas lindas tabernas de poca monta, que por años le han dado hogar a la cerveza de barril y a las patatas fritas:
¡Dios salve a la Reina… y a todos los rebeldes! +

POR KAREN CHACEK. Guionista y escritora. Nació en D.F. un sábado de junio. Se acompañó en la infancia de cómics, series de TV y libros de fábulas.

Imagen: Portada del libro Soñario, de editorial Oceano Travesía.

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