EL OTRO LADO DEL CAMINO

EL OTRO LADO DEL CAMINO

Los rebeldes levantan la mano y se lanzan al frente. Esa es la imagen que siempre nos ha querido vender la historia, la de hombres y mujeres que rompen la cadena de lo cotidiano y se convierten en la punta de lanza, que conquistan el poder, lo arrebatan o por lo menos le plantan la cara. Yo no creo eso. Para mí el rebelde verdadero debe cuestionar al sistema, dudar de lo que dice y demostrarle que nadie, empezando por los que tienen el poder, nadie posee la verdad absoluta.

Por ello es más rebelde el que se resiste al modelo -un ermitaño- que quien por berrinche militante se enfrenta al fuerte para ocupar su lugar. Es más rebelde, desde ese punto de vista, el Simón del desierto (1965) de Luis Buñuel, que Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer, con todo y su pasión. Es también por ello que prefiero las imágenes que el cine ha hecho, muchas veces sin darse cuenta, del otro rebelde, el que no busca el poder, el que no quiere el lugar del otro sino el propio; prefiero a James Dean en Rebelde sin causa (1955) que al Espartaco (1960) de Stanley Kubrick, ambos antisistema, pero profundamente distintos en sus fines.

Para el dato curioso, podemos mencionar desde ahora a Marlon Brando, un personaje rebelde de entrada (en este sentido un poco como Woody Allen) pues, perteneciendo al gremio actoral de Estados Unidos, siempre mantuvo distancia ante él y ejercitó su desprecio ante sus formas. No resulta casual (o tan casual) que dos de las películas por las que será recordado construyan la figura de la rebeldía y del camino personal, ambas hasta sus últimas consecuencias. De él, tenemos a El salvaje (1953) -relato sobre los motociclistas en Estados Unidos, herederos del desencanto de la post guerra, de las maldades del desempleo, de la juventud perdida en la trinchera- que es icónica no solamente por dedicarse a entender a los llamados rebeldes sin causa (rebeldes por pelear contra el sistema, y sin causa por no querer quedarse con él), y la enorme obra de Francis Ford Coppola, Apocalipsis ahora (1979), ese viaje al infierno de la locura de un general que, desertando del ejército de Estados Unidos a la mitad de la guerra más inútil que han peleado, decide escapar de occidente en todo sentido e inaugurar un país dantesco, delirante y egocéntrico, una vuelta atrás, una tiranía que todos buscaban. Creo que son personajes tan emblemáticos que cuando ambos chocan con el stablishment las chispas resultantes generan incendios y un enojo gigantesco en el sistema cuestionado.

En la misma figura motorizada están Wyatt y Billy, que Easy Rider (1969) inmortalizó en la carretera. Curiosamente el pésimo nombre en español, cursi para la época, terminó reflejando uno de los postulados principales de la contracultura en esos años y que poco después fue un signo generacional. Ese nombre era “Busco mi destino”. Hoy nadie se asombra de que un joven enfoque su energía a eso, pero en 1969 se trataba de un pecado social, de rompimiento con la cadena de ascensos en compañías y empresas, en familias.

Dos locos pintan bien para cerrar esta minúscula lista de rebeldes verdaderos. El primero es el Robin Hood urbano más representativo del cine mexicano, el descastado por excelencia que, sin embargo, es capaz de darle la vuelta al sistema que lo echó a la calle -y que le niega un camino “decoroso”-, para transformarse en un hombre que al salir a flote reta a los mecanismos del poder y es benefactor de barrio, recicla riqueza, distribuye felicidad. El rey del barrio de Gilberto Martínez Solares retrata, entre muchas otras cosas, al rebelde urbano del México de la post guerra.

Y al final el rebelde de Godard, el explosivo, el escapista, el demoledor, el que le da la espalda a todo y decide unirse a la mujer dinamita, el que decide dejar atrás a la aburrida y aburguesada sociedad, el que huele a pólvora y se pinta de colores y que ni quiere ni piensa ni necesita que lo escuchen los demás. Le llaman loco por eso, porque si eso lo transformara en discurso político seguramente lo elegirían presidente. Pero no. Pierrot el loco decide explotar antes que engranarse en el sistema. Es el rebelde mayor. +

POR ERICK ESTRADA. Director editorial de cinegarage.com, portal dedicado al cine, y colaborador en la estación de radio Reactor.

Imagen: James Dean, el eterno rebelde.