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LA GELATINA PRODIGIOSA

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

En uno de los episodios de su cinta Todo lo que siempre quiso saber acerca del sexo pero nunca se atrevió a preguntar (1972), Woody Allen declara categórico que el cerebro es su segundo órgano favorito. Con ello establece cínicamente la dualidad planteada por Nietzsche: somos un bicho a medio camino entre el burdo simio y el superhombre.

Antes de que los pocos lectores habituales de esta columna se reduzcan aún más, aclaro que no me pienso poner exquisito. Sirva lo anterior sólo para establecer los dos ejes sobre los que girarán estas líneas, el cuerpo y el cerebro. Tenemos una muy compleja relación con nuestro cuerpo; después de todo estamos atrapados dentro de él. Y pese a la insistencia de muchos entusiastas de lo paranormal, nadie ha podido demostrar la existencia de ninguna experiencia o percepción extracorpórea. Quizá por ello tenemos la extraña propensión a separar al cerebro y sus muy complejas actividades del cuerpo, como si esta prodigiosa gelatina no fuera parte del cuerpo.

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EL IDD

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: ¡Por fin! Todo listo para obtener mi propio IDD. ¡El primero del mundo! ¡Estoy tan emocionado!
Tortuga: ¿Ahora en qué demonios anda? Lleva en esa hoja de Excel cinco días. Ya me está preocupando.
Aquiles: Al fin el mundo podrá dejar atrás la frívola descalificación visual y dar a la gente el valor que se merece a través del uso de parámetros más justos, más correctos y más humanos. Muchas gracias.
Tortuga: Ya está hablando como político en campaña. ¿Qué le pasa?
Aquiles: El primer IDD del mundo está por salir a la luz. Y usted será testigo.
Tortuga: Cinco días en una hoja de cálculo. Lo dicho. Los espíritus de las contabilidades pasadas, presentes y futuras se han apoderado de usted.
Aquiles: ¡Escuche antes de que empiece a descalificar, so prejuicioso!
Tortuga: Conozco ese tono. ¿Puedo hacer palomitas antes de que comience?
Aquiles: No. Atienda primero. ¿Recuerda que llevo cortejando a una tal Betsabé desde hace dos semanas? Bien, pues hace seis días llegamos a la parte de: “¿Me mandas tu foto?”. Y bueno... usted sabe que, a partir de ahí, lo común es que el interés de ellas comience a decaer. Pero cuando se llega a la parte de: “¿Me mandas una de cuerpo entero?”, la plática definitivamente se hunde en el más tenebroso de los silencios.
Tortuga: Me ha pasado... sí.
Aquiles: Por eso se me ocurrió la invención del IDD.

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ESO QUE VES Y QUE, A VECES, NO VES

POR KAREN CHACEK

Hay preguntas que se nos ocurren cuando somos niños y sirven para torturar a los adultos que se encuentran cerca. Hacerlo es muy divertido, porque las respuestas siempre conducen a más preguntas. El problema es que algunas de esas preguntas quizá se queden sin respuesta y nos acompañen por el resto de nuestros días. Qué le vamos a hacer; hay temas fascinantes que jamás dejarán de sorprendernos. El cuerpo humano, por ejemplo. Justo hoy paseaba por el parque y observaba cómo, al caminar, mis piernas se movían en perfecta sincronía sin que yo tuviera que pensar en ello; bastaba con enviar desde mi cerebro la señal de caminar. ¡Somos un diseño genial o qué! 

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DE ADENTRO HACIA AFUERA Y DE REGRESO

POR ERICK ESTRADA

El mundo de un futuro cada vez más cercano vive una emergencia diplomática crucial para su propia existencia: uno de los personajes más sobresalientes de ese universo diplomático es víctima de un atentado y la única manera de salvarlo es insertando en su cuerpo a un grupo completo de médicos que sanarán la herida desde dentro. Se trata de ciencia ficción de los años sesenta y la película en cuestión es Viaje fantástico (1966), una narración alucinante y casi paranoica sobre ese grupo de médicos inyectados al torrente sanguíneo del hombre herido. Todos viajan en una especie de submarino para sanar la herida que tiene al mundo en suspenso.

¿Paranoica? En ese viaje al interior de un cuerpo humano los peligros que amenazan desde fuera a ese submarino están dentro de nosotros. El cuerpo que exploran esos humanos miniaturizados los considera como intrusos bacterianos; solamente están protegidos por esa coraza de tecnología de punta que los separa del extraordinario nuevo universo en que navegan: el cuerpo humano.

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SUSTANCIA Y ACCIDENTE

POR DIEGO RABASA

Para mí las espaldas se dividen en dos tipos: la mía y la del resto de la gente. -Phillip Lopate, Retrato de mi cuerpo-

Todas las cosas del mundo, profanas o sagradas, deben ser reexaminadas una y otra vez a la luz de la experiencia personal. -Charles Simic, El flautista en el pozo

El célebre aforista, científico y humorista alemán Georg Lichtenberg pensaba que era indispensable tener algún defecto físico para poder aspirar a una mirada interesante sobre el mundo. El cuerpo sesga la experiencia, la encausa y la define. En 62 maneras de apoyar la cabeza, un libro pensado y construido por un sello editorial que pugna por hacer del cuerpo no una prisión para la mente y el espíritu sino un agente de liberación -me refiero a Tumbona Ediciones- tanto Lichtenberg como el ensayista mexicano Andrés Virreynas discurren acerca del sentido que tiene ese gesto humano por antonomasia de sostener el peso y la pesadez de la cabeza entre las manos.

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