Artículos Destacados

BRASIL DE MIS AMORES

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

La primera vez que supe de la existencia de Brasil fue siendo muy niño, acaso en el kínder, cuando nos proyectaron —en glorioso Súper 8— Los Tres Caballeros, aquella cinta de Disney que, lo supe años después, celebraba la alianza militar entre los Estados Unidos, México y el gigante del sur. Haciendo a un lado la malicia perenne de los dibujos animados, sobre todo los de don Walt, recuerdo mis pupilas infantiles enganchadas sin remedio sobre Pepe Carioca, el simpático periquito que —me quedaba claro— era más cercano a Pancho Pistolas, el bravucón gallito de pelea mexicano y muy lejano al neurótico del Pato Donald.

Desde entonces Brasil me ha seducido y desconcertado con la misma intensidad, en una relación de amor-odio pasivo muy peculiar, cuya existencia se me reveló hasta el momento en que comencé a escribir estas líneas. Y debo confesar que si bien en más de una ocasión he tenido problemas para escribir mi columna, esta ocasión ha sido la de mayor dificultad.

—¿Brasil? ¿Qué voy a escribir sobre Brasil? —me quejé con Jorge, mi heroico editor.

—Algo se te ocurrirá —me animó.

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EXCELENTE DECISÃO

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: Ah, qué bueno que llegó. Dígame. ¿Cuál escoge? ¿Flamengo o Fluminense?
Tortuga: ¡Uf! ¡Qué día! ¡Toda la mañana arreglando pendientes! Creo que me merezco una caipirinha bien fría.
Aquiles: En lo personal, prefiero la del Flamengo. Pero usted escoja.
Tortuga: Tão bonita. Menina tão bonita. 
Aquiles: Claro que la del Fluminense tiene el 10 en la espalda. No sé...
Tortuga: Você é tão bonita. A ver, cambiar pesos por reales... ya. Comprar sombrero carioca... ya. Presumir viaje en redes... ya. 
Aquiles: Además, llegaron justo a tiempo. ¿Sabía que las pedí por internet a las páginas de ambos clubs apenas la semana pasada?
Tortuga: Você é tão bonita. ¿De qué habla?
Aquiles: ¿Me volé o no me volé la barda con esta idea? Imagínenos bajando del avión, cada uno vestido como si jugáramos en los dos mejores equipos de Río. Imagine los retweets de nuestra foto.
Tortuga: Ah... este... ¿no se lo había dicho? Decidí llevar a otra persona conmigo.
Aquiles: Está bien. Tiene razón. Le dejo la del Flamengo. Igual combina más con el tipo de ropa que acostumbra. Además, usted le da más un aire a Zico.
Tortuga: ¿Me escuchó? Decidí llevar a otra persona al viaje.
Aquiles: ¿Sabe cuántas veces he puesto “Disco Samba” desde que se marchó a arreglar sus pendientes? Once. ¡Once! Ja. Pero ya no tengo ningún problema moviendo los hombros. Mire. Mire.

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DIVERSÃO VERDE E AMARELA

POR KAREN CHACEK

Porque en Brasil se juega a escribir literatura infantil y juvenil con el mismo buen espíritu con el que se juega al futbol, he aquí un quinteto de libros con suficiente ritmo, calamidad y humor como para protagonizar un carnaval. Encontrarle el lado amable a las situaciones de la vida cotidiana parece ser algo que los brasileños llevan integrado en su ADN. Cientos de historias lo confirman, unas originadas en las grandes ciudades, otras en las pequeñas provincias. La abuelita aventurera, de la escritora Ana María Machado (Río de Janeiro, 1941), relata la historia de una simpática viejecita que vive en las montañas y tiene ganas de viajar. Para cumplir el deseo, nada más sencillo que ir a la agencia por un boleto de avión o animarse a comprar su propio autobús. Claro, ello si tuviera guardado bajo el colchón algo de dinero. Pero si lo único que tiene es muchísima imaginación… ¡todavía mejor! Así puede fabricarse un globo enorme, uno tan grande que le permita subir a bordo a todos sus amigos de la montaña. La pregunta es si en un mismo globo redondo podrán viajar juntos —y en calma— un ratón, un gato, una cabra, un buey, un caballo, una mosca y una abuelita aventurera. Y es que no por viajar en el mismo objeto volador dejarán de ser quienes son.

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BRASIL: EL MUNDO EN UN PAÍS

POR ERICK ESTRADA

Desde fuera Brasil se ve como un reto. Gigantesco, colorido, multirracial y con un toque de misterio selvático que hace de su geografía a veces un paisaje de otro mundo y otras algo casi celestial... esas playas. Conocerlo debe llevar un par de vidas y relacionar al cine, el suyo propio o el que ha inspirado, con la imagen que tenemos desde fuera y que con seguridad se queda corta frente a su realidad, es tan complicado como abierto a todo tipo de posibilidades. Es decir, hay tanto en esta liga Brasil-cine que nos quedaremos cortos.

Un factor extra que limita las referencias al cine de Brasil es la dificultad que representa encontrar mucho de lo que su cine regaló al mundo en los años 50, películas enfocadas casi todas al entretenimiento de una población que en esos años se multiplicaba con velocidad asombrosa... o alarmante, depende cómo lo veamos.

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EL FUTBOL: LABORATORIO HUMANO

POR DIEGO RABASA

Hoy en día quizá sea un lugar común decir que el futbol es más que un simple juego y que se parece a la vida en más de una circunstancia. Vázquez Montalbán (Una religión en busca de un Dios) y Juan Villoro (Dios es redondo), con métodos distintos pero venas similares, han sugerido que este deporte tiene similitudes importantes con la religión en la actitud que sus feligreses le profesan (y en el espacio que ocupan en la plaza pública). Importantes escritores de nuestro tiempo (el español Enrique Vila-Matas, el inglés Adam Thirlwell o el argentino Martín Caparrós son sólo tres ejemplos entre muchos) han dedicado páginas y páginas al deporte. El futbol ha desatado guerras (como la relatada por Kapuscinski en La guerra del futbol), ha sido terreno de manifestaciones políticas de hondo calado (como el partido fantasma Chile versus URSS en 1973 en el que el equipo soviético se negó a jugar en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, uno de los centros de detención más atroces de la dictadura militar), y ha sido una pasión manifiesta de vida para escritores que van desde Jean Paul Sartre hasta Thomas Pynchon.

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