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VIVA LA FAMILIA

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

FAMILIAS TIPOGRÁFICAS

Mi cédula profesional me identifica como diseñador gráfico. Sin embargo, hace años que no diseño nada, pues me he decantado por la ilustración y por mi amor primigenio, los cómics. En su día fui un grafista medianamente solvente. Incluso fui honrado con un premio en el área de diseño editorial; no obstante estaba condenado a ser siempre un importantísimo diseñador menor.

Pero de todas las áreas del diseño, era precisamente la del editorial la que más me sedujo. Siempre vi a los que de verdad eran buenos en el área, como mis colegas David Kimura o Gabriel Martínez Meave, como iluminados con un talento del que yo carezco (ambos, compañeros míos de la carrera). Afortunadamente, Jorge de Buen tuvo el tino de escribir un atinadísimo Manual de diseño editorial, que siempre me sacó de apuros (y su Introducción al estudio de la tipografía es otro texto imprescindible para mi gremio). Sin embargo, si me lo preguntan hoy en día, me identifico siempre como dibujante, no como diseñador.

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¿ES RARA SU FAMILIA?

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: La verdad... no sé si estoy listo.
Tortuga: De nuevo con eso. ¡Ya estaba decidido! Ya tenía un pie en la puerta. ¿Ahora qué pasó?
Aquiles: El recuerdo de mis seis hermanos mayores haciendo una montaña humana. Uno sobre otro. Eso fue lo que pasó.
Tortuga: ¿Qué tiene de malo ese recuerdo? 
Aquiles: Usualmente yo estaba debajo. Me hacían bolita en el jardín de la casa cuando salía con “mis cosas”.
Tortuga: Sus cosas. 
Aquiles: Sí. Los libros, la música, el cine. Yo fui el único de los siete que nunca fue tackle de las Águilas Blancas. Una arraigada tradición familiar.
Tortuga: Bueno, sí. Pero es navidad. Ni modo que no vaya.
Aquiles: Es que usted no tiene idea de cómo es mi familia.
Tortuga: Bueno... la mía también tiene lo suyo y no me estoy rajando de subirme al autobús. Y mire que es un viaje de varias horas.
Aquiles: Discúlpeme pero comparar a su familia con la mía es como decir que los Simpsons y los Médicis son la misma gata pero con distinto peinado.
Tortuga: Bah. Exageraciones. ¿Recuerda que mi hermana fue levantada en hombros en la feria de San Marcos por comer diecisiete tamales y dos jarras de atole sin eructar siquiera? Mi madre guarda aún la nota del periódico.
Aquiles: Cuando dije que ser tackle era una arraigada tradición familiar eso incluía a mi madre, así que no me hable de familias a mí.

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¿TE SUENA FAMILIAR?

POR KAREN CHACEK

La frase “Los trapos sucios se lavan en casa” podría emplearse en los diccionarios urbanos como definición opcional de la palabra Familia. Claro que varios eruditos de la lengua votarían por arrojar la expresión al basurero de las frivolidades. ¡Espera! Antes de que se te ocurra hacer lo mismo, vuelve a leer la frase. Mira cómo agrupa cinco de los mejores aprendizajes que se cosechan al crecer en familia.

Primero: Ese algo intangible y prodigioso llamado confianza. Leonardo es un libro que retrata el asunto de forma entrañable y ¡con muy poca corrección política! ¿Con quién más que con su familia puede un niño ser él mismo; querer a lo salvaje, despilfarrar arranques de indisciplina, externar abiertamente sus miedos? ¿Quienes, si no sus padres, para comprenderlo? El Leonardo de la historia sabe un sin fin de cosas sobre los perros, puede ladrar como ellos y comportarse como uno si le da la gana. Sus papás no lo combaten, han preferido aceptar que tienen en casa un cachorro, en vez de un hijo “normal”. Pero no te confundas, a Leonardo nada en el mundo lo aterroriza tanto como  los afiladísimos dientes de los perros. Y eso, claro, sus papás lo saben. Esta maravilla de libro nos llega por cortesía del escritor e ilustrador Wolf Erlbruch. Pocos autores como él para hablar de temas complejos y hacerlo con humor y una sencillez implacable.

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LA FAMILIA ALGUNA VEZ FUE EL CENTRO DEL UNIVERSO

POR ERICK ESTRADA

¿Por qué habrán decidido los hermanos Lumière que retratar a su familia iba a ser una de las primeras cosas que harían con el cinematógrafo que acababan de desarrollar? Porque en ese tiempo el núcleo familiar era el centro de la vida social y profesional, el punto de partida y de llegada y, quizá como no ha vuelto a ocurrir después, lo que más importaba.

Algunas de esas primeras vistas mostraban a los niños Lumière comiendo, riendo o simplemente pasando un buen rato en el jardín y, poco a poco, el cine se dio cuenta que esa parte de la vida humana representaba una gran oportunidad tanto para extraer historias como para usarla en metáforas de problemas más complejos.

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LA PRESIÓN GENERALIZADA DEL MIEDO

POR DIEGO RABASA

Tengo un vecino que es, en el sentido más puntual y preciso de la palabra, un imbécil. Todas las mañanas las vibraciones de sus gritos alcanzan nuestra ventana. Los depositarios de su patética cólera son, alternadamente, su perro y su hijo. No podemos, por supuesto, tomar a este pequeño hombre como arquetipo de la paternidad. Pero tampoco podemos ignorar que más veces que no, la figura del padre para un pequeño niño se asemeja un poco a la de un ogro. Uno de los escritos literarios más poderosos para analizar esta dimensión filial es la Carta al padre de Franz Kafka, en cuyas páginas se puede leer la siguiente sentencia: “Tú solo puedes tratar a un niño como te trataron a ti: por medio de la fuerza, el ruido y la ira”. La carta, incluida en el segundo tomo de las Obras completas editadas por Galaxia Gutenberg, ha sido descrito por los editores como “el documento autobiográfico más completo, más sincero y de mayor recorrido temporal de cuantos documentos legó Kafka a la posteridad”. 

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