Artículos Destacados

GUÍA DE CINE PARA PERVERTIDOS

La tentación evidente, dado el tema de este número, es hablar de adaptaciones cinematográficas de grandes novelas. Se puede hablar de las que son extraordinarias como Revolutionary Road, llevada al cine por Sam Mendes: Di Caprio y Winslett capturan magistralmente el fardo inexorable del American way of life de la novela de Richard Yeats.  O de El erizo, en la que el genial personaje de Muriel Barbery (La elegancia del erizo), esa niña existancialista-nihilista que decide hacer una película que retrate el absurdo de la vida antes de suicidarse en su cumpleaños, es capturada de lleno por el lente de Mona Achache. O de Barney’s Version, filmada por Richard J. Lewis y protagonizada por el genial Paul Giamatti: una de las novelas más divertidas y ácidas de Mordecai Richler. También podríamos hablar de las legendarias mancuernas en el mundo de la ciencia ficción como Stanley Kubrick-Arthur C. Clarke en 2001: A Space Odyssey, Ridley Scott adaptando Sueñan los androides con ovejas eléctricas de Philip K. Dick en su ya mítico Bladerunner o el menos sutil Spielberg con el mismo autor en Minority Report. También están los intentos fallidos como la versión de los hermanos Cohen de No country for old men, en la que el sheriff creado por Cormac McCarthy, ese cazador de tesoros, fugitivo permanente, es desperdiciado en la película bajo la sombra de Javier Bardem y su interpretación del asesino. Pero de eso ya habrá mucho en este número y no acabaríamos nunca. Prefiero hablar de algo más: escritores o pensadores famosos que son también cinéfilos empedernidos.

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LA AMIGA QUE NO TUVE A LOS 15

“Hola, mi nombre es Bernardo y soy exalumno de los hermanos maristas.”
La anterior presentación de grupo de autoayuda no tendría ninguna relevancia, y no la tiene hoy de no ser por un pequeño detalle: en la ciudad de México, desde aproximadamente 1918 y hasta bien entrados los años noventa, las escuelas de esta orden religiosa eran sólo para alumnos varones.

Crecí en un mundo donde, como cuento posapocalíptico de ciencia ficción, no había mujeres. No siempre fue así, gocé los primeros años de mi vida de la educación oficial mixta, pero a partir del quinto año de primaria y hasta terminar la prepa tomé clases en lo más semejante que he conocido a un reformatorio privado.

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UNA MUJER ES UNA MUJER

Ella es una stripper y tiene novio. Eso no le impide, por supuesto, tener metas, reflexiones. Ella quiere un hijo, se lo propone a su novio y él, acobardado como siempre se acobardan los hombres, teje una idea estúpida como las que tejemos los hombres. Una mujer es una mujer (1961) es uno de los himnos sordos más poderosos que se han hecho a favor de lo femenino, de su poder tácito. Jean-Luc Godard, libertario como siempre ha procurado serlo, hizo de esa película un gigantesco homenaje sucio y colorido a la mujer.

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TRES LIBROS SIN ESPUMA Y CON ESPECIAS POLÍTICAMENTE INCORRECTAS

Te doy cinco segundos para que dibujes en tu cabeza a una niña jugando… ¿Le pusiste vestido?  ¿Tiene un peluche o una muñeca?… ¡¿Adiviné?!
Inquieta mucho leer los resultados de investigaciones como la realizada en la Universidad de Kassel, Alemania, sobre la representación de género en la televisión infantil. Entre otros datos, se menciona que en las series de ficción el 70% de los personajes centrales son masculinos. Las figuras femeninas que aparecen cumplen con reforzar aquello que se define como “lo no masculino”; ser chicas guapas, delgadas y normalmente con el pelo largo y rubio. Estos rasgos estereotipados de las figuras femeninas son imprescindibles en la narración, porque sin ellas los personajes masculinos no pueden despilfarrar aquellas características que se asocian a la masculinidad: la protección y la salvación de los personajes femeninos. Hay figuras femeninas con características masculinas que actúan en grupos mixtos, sin embargo las chicas son minoría en todos los grupos mixtos. En los dibujos animados las proporciones del cuerpo y las características faciales de los personajes femeninos son delineados según las normas de belleza imperantes: narices pequeñas y ojos grandes. La sexualización del cuerpo queda de manifiesto en protagonistas de piernas delgadas, larguísimas y con una cintura de avispa que hace lucir sus caderas y busto voluminoso.

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LAS FÁBULAS DEL TÍO HOFS: SAFO ¿LLAMARON A LA PUERTA?

Aquiles:    Safo…
Tortuga:    ¿Zafa? Nadie llamó a la puerta.
Aquiles:    ¿Qué dice? Usted me preguntó por una poetisa de mi predilección.
Tortuga:    Ah, comprendo. Pero la pregunta, en realidad era...
Aquiles:    Sí, una poetisa que hubiera escrito algo que, para un hombre, fuese imposible.
Tortuga:    Por cierto. Ya nadie dice “poetisa”. Ahora es “el” poeta, “la” poeta.
Aquiles:    Como sea. Digo que, en ciertas ocasiones, y en cierto tipo de poesía, el género no es intercambiable.
Tortuga:    En algún lado leí que “poetisa” es, a diferencia de lo que creemos, el término usado para describir un buen agarrón entre bardos. Pero habría que escribirlo con zeta, me imagino.
Aquiles:    ¿Me escuchó? Dije que en poesía, el género...
Tortuga:  Sí, sí, sí... pero habría que tener cuidado. Generalizar sobre el género -perdonará el dislate- lo pone a usted en posición delicada. Hay susceptibilidades que pueden pillarle, digamos, con los dedos en la puerta.

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