Artículos Destacados

SIEMPRE TENDREMOS PARÍS

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

“Tú deberías leer a Baudelaire”, me dijo mi muy joven profesor de biología cuando yo tenía diecisiete años. “¿Por qué?”, pregunté desafiante; a mí me sonó a un autor para viejitos pedantes, creador de poemas cursis. “Se pintaba el pelo de azul, tenía una novia mulata en el París del siglo XIX, era fumador de opio y hacía unas misas negras en las que le rezaban él y todos los poetas malditos a Edgar Allan Poe”. Eso bastó para capturar mi atención. El incipiente punk de colegio católico que era corrió a comprarse Las flores del mal y, ya entrados en gastos, una copia de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud. 

Los textos de Baudelaire me sonaban a rabiosas canciones de los Sex Pistols o Los Ramones. Un efecto similar me producen los poemas de Arthur Rimbaud. Debe haberle pasado lo mismo a Robert Smith, cantante de The Cure que grabó tomó uno de los Pequeños poemas en prosa de don Charles para musicalizarlo como How beautiful you are (¡sin darle crédito al francés!). Por otro lado, Rimbaud tiene el dudoso honor de que David Morrell, canadiense profesor de literatura, haya bautizado al protagonista de su novela First blood en su honor. 

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PARÍS, LA CIUDAD ¿DEL AMOR?

POR ERICK ESTRADA

A mí me gusta el otro París, el que ha retratado el cine alejándose de los melodramas sensibleros que se empeñan en registrar la Torre Eiffel como si fuera a derrumbarse mañana. A veces entran historias a esta ciudad que se endulzan conforme la inercia de su arranque se pierde en las calles de la ciudad. Algo así ocurre con El origen (EUA-Reino Unido, 2010), ese delirio onírico-arquitectónico-visual que Christopher Nolan le vendió tan bien al mundo y hoy queremos más por lo que la memoria nos devuelve que por lo que es en realidad; justo el fenómeno que hace de París una de las ciudades más visitadas. Ese París era artificial, tramposo, pulcro pero interesante, algo que ocurre si se visitan los atractivos turísticos de la ciudad con un poco de ojo crítico, aunque es una fórmula que se termina pronto.

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¿CUÁNTOS AÑOS TENÍA COSSETE?

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: ¿Me permitiría su computadora un momento para revisar mi correo? La mía está un poco lenta. Intento bajar una película de Maurice Chevalier de los años cincuenta.
Tortuga: Claro. Sólo respondo rápidamente a este loco fundamentalista.
Aquiles: ¿Está chateando? Puedo volver más tarde.
Tortuga: No se preocupe. Ya termino. Por cierto, ¿sabe si la palabra francesa merde lleva acento? ¿Sabe si mange está bien escrito?
Aquiles: Es una discusión fuerte, ¿eh?
Tortuga: Nah... es sólo que se me ocurrió sugerir a mi club que organicemos un viaje a algún sitio de importancia literaria para sentirnos inspirados. Dublín iba ganando hasta que este papanatas se puso a convencer a todos de que París sería mejor opción.
Aquiles: ¿Esas son las votaciones? ¿Puedo verlas? Dublín: 12. París: 16. Maine: 1. ¿Maine?
Tortuga: Un loco que idolatra a Stephen King.
Aquiles: ¿Y de veras tienen dinero para ir a Francia o a Irlanda? 
Tortuga: Hay una agencia que nos ofrece un charter a meses sin intereses. 60, para ser exactos. Casi como pagar un coche. En todo caso, Joyce es mucho mejor opción que Sartre.
Aquiles: Espero que todo esto no tenga nada que ver con cierta Cosette que brilla con luz propia en su pasado.
Tortuga: No sé de qué me habla. Se lo dije a ese loco y se lo digo a usted. Los Heraldos Negros y Trilce.
Aquiles: ¿Qué tiene que ver César Vallejo en esto?
Tortuga: Ambos poemarios los escribió de este lado del Atlántico. Tuvo que ir a París para caer en los Poemas en prosa. No me va a decir que no ve el abismo que existe entre los primeros y los segundos. Si eso le hizo París a Vallejo, ¡qué no nos hará a nosotros, simples mortales!

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PARÍS, EDICIÓN ESPECIAL

POR KAREN CHACEK

París, al igual que cualquier otra gran ciudad del mundo, es como un disco doble; en el Volumen 1 suenan los clásicos y en el Volumen 2 su lado B, con un playlist de rincones que sólo visitan los capitalinos y algún que otro viajero intrépido que gusta de extraviarse. Lo maravilloso es que hay suficientes libros para acompañar ambos discos.

En Valentina en París, Valentina está de viaje con sus padres explorando la Ciudad Luz, cuando un descuido la mete en aprietos, convirtiéndola en nuestra guía accidental por el París turístico, el del visitante de primera vez. Así en un mismo día pasamos por la Torre Eiffel, el Río Sena, el Museo del Louvre –con toda esa gente amontonada alrededor de la pintura de una señora que, según Valentina, se ve muy poco feliz–, Notre Dame, el museo Pompidou… y de paso topamos con esas particularidades famosas de la ciudad: los libreros, los desfiles de moda, los pintores, el periódico Le Figaro, hasta ¡la Orangina! Las ilustraciones de Patricia Geis son bastante entretenidas. El libro incluye un mapa guía desplegable, una postal y un suvenir.

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ESTRICTAMENTE NO PARISINOS

POR DIEGO RABASA

En el año 2006 se dio un fenómeno histórico en la literatura francesa: los premios literarios más importantes (el Goncourt, el Femina y el Renaudot) fueron concedidos a escritores de “la otra Francia”, es decir a autores no parisinos. Un año más tarde, en el periódico Le Monde, una serie de escritores galos, comandados por el Nobel Le Clèzio, publicaron un manifiesto titulado “Pour une ‘littérature-monde” en français’ (Por una literatura mundial en francés). En él, los escritores celebraban que la literatura francesa no estuviera más supeditada a lo que venía del centro (París). 

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