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LAS DAMAS DE LA IMAGINACIÓN

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

Ya alguna vez dediqué esta columna a Mary W. Shelley, autora de Frankenstein o el moderno prometeo. No creo, sin embargo, que volver sobre ella sea un crimen. Después de todo a esta prodigiosa mujer inglesa debemos la autoría de la que está considerada como la primera novela de ciencia ficción. Además quisiera celebrar a otras mujeres que han deleitado a sus lectores desde los terrenos de lo fantástico, lo imaginativo, lo estrambótico y lo inesperado, en una lista informal pero amorosa de escritoras fantásticas que vale la pena leer.

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UN NEGRITO EN EL ARROZ

POR ANTONIO MALPICA

Tortuga: Siéntese a la mesa. Es la última vez que se lo digo.
Aquiles: Deme unos cinco minutos más.
Tortuga: Lo mismo dijo hace cinco minutos. Se le va a enfriar el arroz.
Aquiles: Aguarde. Es una protesta pública. Y pienso subirla al face de inmediato.
Tortuga: ¿Puedo ver?
Aquiles: Sólo si está usted libre de prejuicios.
Tortuga: “De por qué Cri Cri debe ser prohibido terminantemente en las escuelas primarias oficiales”. ¿Qué? ¿Se volvió loco?
Aquiles: Bah. Ya era hora de que alguien levantara la voz.
Tortuga: ¿Ha estado bebiendo?
Aquiles: Si no hacemos algo ahora, el mundo se va a hundir en el caos del equívoco y el desentendimiento. De ahí a la barbarie apenas hay un paso. 
Tortuga: “¿El afroamericanito sandía?” ¡Tiene que ser una broma!
Aquiles: O le cambian el título y la letra a esa canción o que la retiren para siempre de los anales de la música popular de este país.
Tortuga: Me lleva. ¡Y hay más! “El hombrecito bailarín de color”. Por favor... 

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LA NÚMERO 32

POR KAREN CHACEK

Casualidad y coincidencia no siempre son sinónimos. La lotería tradicional mexicana se compone de 54 cartas y un número indefinido de tableros con 16 cartas del mazo elegidas aleatoriamente. A cada naipe lo representa un personaje u objeto simbólico; elementos que hallamos en cualquier pieza musical o historia escrita. Los naipes tienen una correlación numérica, al igual que las notas de una melodía o las palabras de un relato. Se desconoce si quien ideó el juego incluyó la baraja de “El músico” por mero capricho, o no. Por lo pronto, la presencia de la carta número 32 del mazo es un magnífico pretexto para celebrar cuatro libros especiales. Cuando se trata de asociar palabras y música las posibilidades se multiplican: hay narradores que al escuchar una melodía imaginan una historia; hay músicos que al leer una historia escuchan una melodía; hay compositores que cuentan sus historias con música; hay escritores que hacen música al narrar.

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COSA DE COJONES

POR ERICK ESTRADA

“El valiente tiene miedo del contrario. El cobarde, de su propio temor”, ha dicho ya Francisco de Quevedo. También sabemos que no hay héroe sin valentía pero que no todos los valientes se convierten en héroes. El valor es una cualidad difícil de ejecutar y muchas de las veces es confundido con osadía, con el impulso surgido de la pérdida de dimensión mezclada con falta de miedo. Y es que la ausencia de miedo tampoco es valentía.

Fingir no tener miedo en culturas tan profundamente machistas como la mexicana puede confundirse con valentía y, peor aún, considerarse una cualidad (que no lo es) exclusiva del género masculino (que, por supuesto, tampoco lo es).

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DE BORRACHOS A BORRACHOS

POR DIEGO RABASA

Se dice que la mejor descripción de la cruda que se ha hecho jamás la realizó Kingsley Amis en su novela Lucky Jim (Destino tiene una traducción al español llamada La suerte de Jim). Me permito traducir el pasaje:

“Dixon estaba vivo de nuevo. La conciencia lo había abordado antes de que pudiera apartarse de su camino; no más pasear por los sutiles pasillos de los sueños, en vez de una súbita expulsión forzada. Yacía desparramado, demasiado jodido para moverse […] La luz lo lastimaba pero no tanto como observar los objetos; decidió, situación por la que había pasado antes, no volver a mover sus globos oculares nunca más. Un ruido seco, polvoriento, en su cabeza presentaba la escena frente a él con un latido como un pulso. Algún animalejo nocturno había utilizado su boca como letrina y luego como mausoleo. Durante la noche, también, se las había arreglado para participar en una carrera a campo traviesa y ser golpeado por la policía secreta. Se sentía mal”. 

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