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LA PRINCESA Y EL GUERRERO

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

La ciencia ficción de hoy es un mutante de miles de tentáculos que se ramifican a través de las páginas de los libros con las formas más extrañas. Atrás quedaron los días del porno para ingenieros de Larry Niven e Isaac Asimov. Prueba de ello es la extraordinaria y extravagante Novela B (Suma de Letras), de Mónica Bustos, quien tiene el triple encanto de ser a) Paraguaya; b) Extremadamente joven; y c) Una princesa freak.

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¿DEJAR DE FANTASEAR?

POR ERICK ESTRADA

Sin querer sonar cursi, desde mis primeras experiencias cinematográficas, allá en la infancia de cines grandes y sábados de maratón frente a una gigantesca pantalla blanca, asociaba la palabra fantasía tanto al proceso de hacer una película como a la experiencia de la proyección. El culpable fue, de entre muchos, un vecino que de repente se convirtió en una especie de “cuidador” oficial de los primos y los amigos en esos sábados en que los padres salían de paseo.

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NO VUELVO A CENAR SUADERO

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: Oiga... ¿podría dejar eso por un momento?
Tortuga: ¿Qué exactamente?
Aquiles: Eso. Me pone nervioso.
Tortuga: Es lo que hacemos las ranas en celo. Croar. ¿No lo sabía? Sé que suena un poco como Death metal en la bañera, pero le juro que estoy croando. 
Aquiles: No eso. Lo otro.
Tortuga: ¿Qué? ¡Ah, esto! Se llama prestidigitación con máquinas pesadas. Creí que le gustaría. Dos portaaviones y un transbordador espacial por mano. ¿No es estupendo? Y lo aprendí hoy mismo.
Aquiles: ¡Es horrible! ¡Ponga esas cosas en la alfombra y atiéndame!
Tortuga: Como quiera. Por cierto, ya no soy un batracio, ¿lo advirtió? Ahora soy un país del norte de África. A que no adivina cuál.
Aquiles: Mejor le cuento sin mirar. Tuve un par de ideas fantásticas. ¿Y sabe por qué he utilizado tal calificativo? Porque pienso revolucionar el mercado de la fantasía en la literatura. He tenido dos inspiraciones que no son, ejem, de este mundo.
Tortuga: ¡Hey, no me diga que quiere perderse esto! ¡Mire hacia acá! ¡Son las hermanas Williams representando un monólogo de Pinter!
Aquiles: Se me ha ocurrido escribir una novela de 500 páginas y venderla como literatura fantástica. ¿Sabe dónde está la genialidad de mi idea? Que únicamente habrá un mínimo pasaje en toda la obra, uno solo, donde se pervierta la realidad. Un hombre, en la página 371, no proyectará sombra. ¿Es genial o no es genial?
Tortuga: ¿Genial? ¡Genial lo que ocurre en este momento entre las dos tenistas y yo, atrapados en un ascensor sin aire acondicionado! Ahora sí le recomiendo que no mire.

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DIME QUÉ IMAGINAS Y ME DIRÁS QUIÉN ERES

POR KAREN CHACEK

La fantasía es una de las vías más ricas para expresarnos e intercambiar mensajes con el mundo. Es una habilidad que nos viene natural, una característica que compartimos todos los seres conscientes. Es una cualidad que nos fascina hallar en nosotros y en los otros. Y la literatura infantil es un escaparate fabuloso para divulgar millones de reflexiones en forma de fantasía. Todas y cada una de ellas originadas a partir de una semilla —idea, palabra, imagen, sentimiento, suceso— que un buen día se presentó de manera repentina en la vida del autor y creció hasta ocupar su mundo por completo, sin dejarle más remedio que desecharla o transformarla en creación (este recurso no es exclusivo de los autores de libros para niños, hay arquitectos que proyectan rascacielos, actrices famosas que diseñan decodificadores de mensajes de radio, cónyuges que confeccionan cenas sorpresa, bebés que presumen dotes de artistas plásticos en los blanquísimos mosaicos de sus pañales.

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FANTASÍAS ENCARNADAS

POR DIEGO RABASA

Salvo en el caso de algunos maestros indiscutibles como Philip K. Dick , H.G. Wells, Arthur C. Clarke o Ray Bradbury, la ciencia ficción suele ser vista como un género menor en la literatura. No importa que haya prefigurado adelantos tecnológicos por décadas, o incluso en ocasiones por siglos –como el viaje a la luna descrito por Luciano de Samosata en el siglo II, el submarino de Julio Verne en el siglo XIX, o más recientemente como el sistema de comunicación satelital imaginado por Arthur C. Clarke muchos años antes de que el GPS se convirtiera en un instrumento de navegación cotidiana en todo el mundo– el género es recibido con cierto soslayo y se le asocia, de manera casi peyorativa, a lectores juveniles.

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