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DOS NOVELAS ANTIBÉLICAS

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

“Antes la seguridad nacional parecía estar en manos de John Wayne. Ahora, en las de Woody Allen”, dijo alguna vez Boogie el Aceitoso sobre los Estados Unidos. Nunca he disfrutado una película bélica. La exaltación militarista me rebasa. Por ello nunca disfruté la lectura, para dar un ejemplo al vuelo, de la novela Tropas del espacio, de Robert Heinlein, ni los cómics del Capitán América o Nick Furia, con todo y que los dibujaba mi adorado Jack Kirby.

 

Quizá por haber crecido en un hogar pacifista de izquierda, o por tener un pequeño toque de sentido común, sólo puedo hablar en contra de la guerra, el lado oscuro de la maldita humanidad como dijo Sergio Flores (of MAD fame).

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LA GUERRA: MODIFICANDO EL CAMINO

POR ERICK ESTRADA

Se puede afirmar que la guerra ha estado presente en toda la historia de la humanidad. Antes incluso. La introducción de 2001 Odisea del espacio (1968) no solamente apoyaba ese punto sino que hacía del pensamiento violento y de la tecnología bélica algo indispensable para nuestra evolución como especie, algo que nos llevó de las cavernas a dominar los cielos y los planetas.

Sin embargo la guerra le ha hecho otros favores al cine. Dura, la mayor parte de las veces innecesaria, violenta y oscura, cuando aparece el mundo se transforma y el cine, siendo un reflejo de lo que ocurre en el mundo, no se queda fuera de esos cambios.

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¿JIU JITSU O FULL CONTACT?

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: Deme su opinión en este asunto de grave importancia, por favor. ¿Jiu Jitsu o Full Contact?
Tortuga: Eh... no creo comprenderlo.
Aquiles: Tengo que escoger armas. Ella me mandó a su padrino.
Tortuga: ¿Ella? ¿Por qué siento que ya habíamos pasado por esto?
Aquiles: Creí que estaba enterado. Voy a romper con Enriqueta.
Tortuga: ¿Enriqueta? ¿No es aquella que una vez lo abandonó sin ropa en la México-Pachuca a mitad de la noche?
Aquiles: Entre otras cosas, sí.
Tortuga: ¿Pues no había roto con ella?
Aquiles: Ese es el problema entre nosotros. Que rompimos hace tres meses. Y hace ocho. Y hace un año. Lo nuestro no tiene fin porque no le damos el fin que se merece.
Tortuga: Algo me dice que esto puede ser más entretenido que poner mis videos viejos de Los héroes de Hogan.
Aquiles: Para empezar, le hice ver que lo nuestro no es amor si nos la pasamos de la greña. 
Tortuga: ¿Y ella cómo respondió a eso?
Aquiles: Primero mal, me aplicó la huracarrana por media hora. Pero luego admitió que tengo razón, que lo nuestro es un agarrón constante. Así que le expliqué mi plan: que tenemos que hacer como en toda guerra que se respete.

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LA GUERRA Y LA GUERRA

POR KAREN CHACEK

La palabra guerra tiene un encanto particular: puede evocar al mismo tiempo mil y una razones que celebren su existencia y mil y una razones que hagan todo lo contrario. Las primeras son más fáciles de ubicar; tapizan muros, ocupan pantallas medianas, chicas y grandes, invaden estantes en las jugueterías y mostradores en las tiendas de ropa y zapatos. Están a la vista de todos. Las segundas, en cambio, se manifiestan en lo íntimo. La mayoría de las veces hace falta realizar el ejercicio de cerrar los ojos y mirar hacia dentro de nosotros mismos para apreciarlas en toda su magnitud. Afortunadamente, hay autores e ilustradores de libros infantiles que se dan a la tarea de compartir esas visiones personales con el mundo de afuera. 

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EL PULSO DE LA GUERRA

POR DIEGO RABASA

“Si hay algo único al animal humano es que tiene la capacidad de aumentar el conocimiento de forma acelerada y al mismo tiempo es crónicamente incapaz de aprender de la experiencia.”

The Silence of the Animals, John Gray.

“La guerra intentó matarnos en primavera. La hierba verdeaba las llanuras de Nínive, el tiempo se volvía más cálido y nosotros patrullábamos las colinas bajas que estaban más allá de las ciudades y de los pueblos. Avanzábamos por ellas y entre los pastos movidos por la fe, abriendo caminos entre el herbazal azotado por el viento como si fuéramos pioneros. Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo, rezando; cuando forzábamos el paso hasta la extenuación, los ojos se le ponían en blanco y se quedaban abiertos en la oscuridad y, cuando comíamos, aceleraba sin más alimento que su propia penuria. Hacía el amor, daba a luz y se extendía por el fuego.” Así comienza la primera novela del ex soldado, ahora novelista norteamericano Kevin Powers Los pájaros amarillos. “Todo lo que está en la novela sucedió, aunque no todo me sucedió a mí”, respondió Powers cuando le preguntaron sobre el porcentaje de elementos autobiográficos de la narración. “En cierto sentido los personajes están compuestos de seres que traigo dentro”, remató. 

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