Artículos Destacados

NO VOY A HABLAR DE EL PADRINO

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

“O nos envías ese texto, que era para ayer, o te rompemos la piernas ahora mismo”, me dijo al teléfono Jorge Vázquez, mi editor de Lee+.
“Con todo gusto, pero creo que hay maneras de pedirlo”, le dije molesto, “no te quita nada decir las palabras mágicas...”
“Déjate de estupideces y ponte a teclear”, arremetió él, normalmente apacible. Luego añadió, ominoso, “Sabemos dónde vives y a qué escuela llevas a tu hija.”

Angustiado, comencé cuatro veces el texto sobre la mafia para el siguiente número de la revista. Seguía molesto. Esas no son maneras. Sólo tenía el título. Por más que me concentraba, no era capaz de hilar dos párrafos coherentes. Pedir amenidad era demasiado.

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LAS MAFIAS Y SUS MEJORES MOMENTOS

POR ERICK ESTRADA

La Mafia es un elemento fundamental para el cine. Ahí se ha transformado y modernizado. Ha mostrado también sus múltiples rostros y los ha dejado plasmados en escenas inolvidables de películas inolvidables. Como amante del género, del noir, de los gánsteres, de las calles malditas, aquí están las mejores, desde mi punto de vista.

Miller’s Crossing (EUA, 1990)
Dirige: Joel Coen
Una guerra entre mafias tiene atrapado a un consejero que juega para ambos bandos. La lluvia de sangre se ha convertido en una tormenta y la violencia es la carne del estofado. Las balas son certeras excepto por una. Un pleito que parecía terminado pone a gritar de terror a un hombre: alguien que supuestamente estaba muerto se levanta y la sorpresa se transforma en terror. Una nueva pistola aparece, cromada como la conciencia del asesino que se acomoda detrás del resucitado y le dispara salvajemente en la nuca. La cámara acentúa en un travel el rostro lleno de pánico de Gabriel Byrne para después hacer lo mismo en los rasgos ensangrentados de quien tiró del gatillo, un Jon Polito que lleno de ira (y satisfacción) grita: “Always put one in the brain!”

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BANG! BANG!

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: ¿Por qué esa cara?
Tortuga: Ni se imagina.
Aquiles: ¿Es por la llamada que acaba de recibir? ¿Pues quién era?
Tortuga: ¿Sería tan amable de servirme un whisky doble derecho? 
Aquiles: Tiene la misma cara que habría puesto Hamlet si en vez de ver al fantasma de su padre éste le hubiera llamado por cobrar.
Tortuga: ¿Recuerda que le dije la semana pasada, durante el brindis de la presentación de mi libro, que era cuestión de un par de semanas para que mis regalías nos pagaran un merecidísimo descanso en Cancún?
Aquiles: Bueno... todos comprendimos que estaba siendo optimista. Además íbamos ya en la novena botella de vino.
Tortuga: ¡No me venga con eso! ¡Usted sabe que la novela es buena! ¡Que digo buena, buenísima!
Aquiles: Tenga su escocés, tome asiento y relájese, que me está preocupando.
Tortuga: ¡Nos merecemos esas vacaciones!
Aquiles: Bueno... sí, pero tampoco es para tanto. Ponga usted que se venda la primera impresión en un par de meses y no en un par de semanas. ¡Mejor! Sirve que se pasa la temporada alta y encontramos menos lleno.
Tortuga: ¡Es que usted no entiende! ¡El libro podría no venderse en lo absoluto! ¡Podría ser relegado al olvido! ¡Podría ser condenado a la lista negra de la mala literatura universal!
Aquiles: Oiga… con calma. No es agua de horchata.
Tortuga: ¡Y yo que me apegué a “El arte de la novela” casi como a los planos de una casa! ¡Sírvame otro igual!
Aquiles: Calma. ¿Me va a decir quién le llamó? 
Tortuga: La mafia.

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MAFIA: MUY AUDACES, FINÍSIMOS E INSOLENTES ÁLBUMES ILUSTRADOS

POR KAREN CHACEK

La columna de este mes va dedicada a todas aquellas agrupaciones clandestinas que de manera expresa, accidental o imaginada reúnen transgresores. En sí, esto no es más que un merecido tributo al ingenio. Porque ninguna respetable asociación clandestina se crearía y/o subsistiría sin este ingrediente esencial en su fórmula.

Animales Domésticos conforma la agrupación clandestina más exótica y delirante que he topado en mucho tiempo. Podría contarles del matrimonio Archibaldo, de su gusto por las fiestas o de su moderno chalet que parece sacado de un dibujo futurista de los años 50.  Pero en vez puedo hablarles de un perro con modales inmejorables, de un gato con guardarropa de diseñador, de una mosca pulcra y perfeccionista, de unos ratones que bailan swing, de un sapo cortés que nada tiene de príncipe, de un mosquito desfachatado, de la pareja de mariposones nocturnos más feliz del mundo. Aunque, pensándolo bien, mejor sólo les cuento que Jean Lecointre, el autor del libro, se ha ganado a pulso su fama de ser un cirujano del collage. Y la cosa se pone mejor aún, porque, ¿acaso podría un especialista del bisturí gráfico cultivar una mejor cualidad que la de un nutrido y estrafalario sentido del humor?

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LA OTRA MAFIA

POR DIEGO RABASA

En el que quizá sea el libro más ilustrador sobre la génesis de la mafia que he leído, Los orígenes de la mafia (Alexis de Tocqueville, Gaetano Mosca, Leopoldo Franchetti, Eric Hobsbawm) se pueden leer cosas como que ésta florece ahí donde existe (valga el oxímoron) “la ausencia de un sistema de justicia y orden público fiable”. Los mafiosi eran hombres que “persuadían” (intimidaban) a la gente cuando los señores feudales comenzaron a necesitar de la aprobación del vulgo para ejercer sus designios sobre los territorios que controlaban. La mafia, entonces, aparece como un aparato intersticial para ejercer la voluntad de los poderes fácticos supralegales y anteponer los intereses particulares sobre los públicos. Las mafias, documenta este libro, además han evolucionado y su andar trasciende por mucho el mero ejercicio de la ilegalidad a través de la fuerza: una situación palpable en nuestro país, y me atrevo a decir en el mundo, en donde la economía depende de los beneficios que la mafia reinvierte en la “economía formal”. De diversas maneras (la mayoría de ellas involuntaria) el individuo promedio forma parte de las actividades de la mafia. 

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