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OFICIOS INUSUALES

POR BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

Escribir, narrar historias es en sí mismo un oficio peculiar. Pero aun dentro de nuestro propio gremio hay quien se especializa en ramificaciones peculiares. Acaso por deformación profesional o por solidaridad genérica, tengo debilidad por ellos. A continuación, un ramillete de novelistas de inusuales oficios.

Fantasista

Verónica Murguía acaba de hacer lo que parecía un imposible: publicar Loba, una novela del subgénero mal llamado fantasy y que en español conocemos como de capa y espada en una editorial mainstream. Pero además se trata de una novela extensa, poco más de 500 páginas, que encima de todo viene avalada por el premio Gran Angular, concedido por la editorial SM a la mejor novela juvenil presentada al concurso. Y si lo anterior no fuera suficiente, es la primera mexicana que gana dicho premio en su versión peninsular, en España, alejada de cualquier posible simpatía local.

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EL HOMBRE COMÚN

POR ERICK ESTRADA

Muchos son los oficios pero el cine ha sabido aprovecharlos. Saber cómo se gana la vida el personaje de una película sirve no solamente para dotarlo de verosimilitud sino para que exista un gancho más para identificarnos con él.

Sin embargo, cuando de oficios se trata, el cine tiene un truco que le ha salido muy bien y que por otro lado hemos disfrutado al máximo. Los oficios (sin menospreciar a nadie que practique uno) están más cerca del común de la gente y le dan al cine, a sus guionistas, a sus directores, la posibilidad de hablar de hombres comunes y corrientes, de la calle, de los que vemos todos los días. Eso le añade sazón a la historia.

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EL VOCHO VERDE

POR ANTONIO MALPICA

Aquiles: ¿Cómo le fue?
Tortuga: Mal.
Aquiles: ¿Por qué?
Tortuga: Porque, en palabras del mecánico, si pagamos por esa carcacha más de lo que nos hubiéramos gastado en dos comidas corridas, nos vieron la cara.
Aquiles: ¿Tanto así?
Tortuga: ¡Maldita sea! ¡Usted y su alucinante discurso sobre el hombre y la máquina! ¡Le dije que esos silbidos, tronidos y gorgoreos no eran normales! ¡Le dije que nombrar al armatoste “Christine” era un chiste peligroso!
Aquiles: ¿Y entonces...? ¿Está desahuciada?
Tortuga: Bah. Dijo que haría todo lo posible por salvarla, pero igual me citó un provervio chino: “cuando los hombres hablan del futuro, los dioses ríen”. Al parecer se le da el fatalismo. 
Aquiles: No es posible que todos nuestros ahorros vayan a terminar en un deshuesadero. A ver, páseme el teléfono. Tengo que hablar con ese sinvergüenza.
Tortuga: Como quiera. Pero insisto que no es un tipo fácil. Tenía libros de Cioran y Schopenhauer en la mesa de la herramienta.

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OFICIOS SÓLO PARA VALIENTES

POR KAREN CHACEK

La literatura infantil está repleta de casos que ilustran los oficios más audaces y arriesgados, también aquellos que demandan una gran maestría para su ejecución. Cualquiera pensaría que ser una mosca es un oficio amable y sin complicaciones.  Puedes entrar por la ventana o la puerta que te dé la gana. Pararte a comer sobre cualquier manjar hediondo y apetitoso. Tus patas de gran diseño te permiten adherirte a todo tipo de ventanas y superficies. Cuentas con unos sensores de movimiento tan eficientes que más tarda un rollo de periódico, matamoscas o pantufla en elevarse treinta centímetros sobre el suelo, que tú en salir volando fuera de su alcance. 

Pero es un mito, la vida de una mosca está llena de peligros. Para muestra basta con citar el caso de La mosca que se tomó un día libre para ir a la alberca y tomar un baño. Llevaba consigo una sombrilla, una toalla, una llanta inflable, todo lo necesario para darse un chapuzón estupendo. Era un día soleado y sin nubes. Nada podía salir mal. Casi nada.

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EL OFICIO DE ESCRIBIR

POR DIEGO RABASA

El oficio que un escritor obliga a su personaje a ejercer es usualmente piedra angular del universo interior que el creador, en su calidad de demiurgo, le confiere a su criatura. Los oficios anodinos como el copista Bartleby o el burócrata de El libro vacío, de Josefina Vicens, sirven de pretexto para retratar el hastío, el sin sentido de casi cualquier enser humano. Los oficios excéntricos, como por ejemplo el vendedor de sueños futuros de Milorad Pavić en su novela Pieza única, o las cortesanas protagonistas de las novelas Vidas de una mujer amorosa (Ihara Saikaku) o Memorias de una madame americana  (Nell Kimball), sirven para introducir al lector bien en mundos delirantes, producto de imaginaciones desbocadas (como en el caso del autor serbio) o en mundos subterráneos que se encuentran lejos de la “vida normal” y organizada en la que el lector promedio habita, como en el caso de las dos últimas novelas.

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