┬┐Mujeres? Mujeres, respondieron los editores

┬┐MUJERES? MUJERES, RESPONDIERON LOS EDITORES

¿Mujeres?, pregunté. Mujeres, respondieron los editores. Un tema tan amplio que es casi un no tema. ¿Qué sobre las mujeres? ¿La vida de alguna escritora? ¿Libros escritos por mujeres? ¿Personajes de libros? Si fuera lo primero quizá me iría por Emily Dickinson, la extraña poeta de la naturaleza que durante la última etapa de su vida prácticamente no salió de su cuarto. Una mujer que era capaz de percibir los peligros de la alienación mental (“The Mind is so near itself –I cannot see, distinctly–…”) y ver, sin embargo, sucumbir sus ansias sociales ante la fascinación de su propia locura (“Much madness is divinest sense…”). Pero no, tal vez algo más coyuntural es preciso, sólo tal vez porque en realidad uno nunca sabe qué es preciso hasta que es demasiado tarde para corregirlo.

Libros escritos por mujeres, será. Lo acoto a la literatura que me ha sido más próxima los últimos meses: la japonesa. Fumiko Enchi y esas dos grandes novelas en las que cuenta el estado sometido de las mujeres en el temprano siglo XX nipón: Masks y The Waiting Years. O Hiromi Kawakami, quizá la escritora japonesa más importante del momento. Publicada en castellano por Acantilado. Autora del hermosísimo El cielo es azul, la tierra es blanca en el que es capaz de trasladar al presente una historia de amor platónico entre un viejo maestro, el eslabón entre la sociedad ancestral sumamente ritual y la actual civilización del hiperconsumo, y su antigua alumna a la que trata de rescatar del sinsentido de la vida adulta. O Yôko Ogawa, autora del magistral L’annulaire, en el que hace una alegoría de la memoria a través de un extraño laboratorio que es capaz de conseguir cualquier cosa que tenga algún contenido emocional en una especie de ente imperecedero. Pero ninguno de esos libros se puede encontrar fácilmente en México. Necesito algo que pueda generar un efecto más inmediato, que impulse algún libro.

Un personaje entonces. Qué tal Makina, de Yuri Herrera, un personaje que reúne todas las características para vencer la herrumbre del tiempo. Seguramente se seguirá conociendo dentro de una o más generaciones. Una mujer contra viento y marea. Que busca a su hermano. Del otro lado de una funesta y lúgubre frontera. Que exhuma lo que parece ser el cadáver de nuestra nación a través de su periplo. El hermano que habita otro mundo, habla otra lengua. Y ella que se lanza a su búsqueda a pesar de que sabe que aunque lo halle, jamás podrá encontrarse con él. Uno de los libros más importantes que se han escrito en nuestro país en los últimos cinco años: Señales que precederán el fin del mundo. Pero sigo sin estar seguro. Es importante aportar, decir algo nuevo.

Ya sé: dos enormes novelas gráficas protagonizadas por mujeres que acaban de llegar a nuestro país. El género está apenas ganándose un lugar como un género literario y artístico legítimo en México –cuestión que hace mucho tiempo sucedió en mercados editoriales más consolidados que el nuestro. Habibi, de Craig Thompson (Astiberri, 2011), cuenta la historia de Dódola y Zam, dos niños árabes que escapan de un campamento de refugiados para tratar de sobrevivir en la inclemencia del desierto. Ella es primero su madre, luego una especie de hermana y finalmente su amante, muchos años después. En el camino ambos se ven sujetos a grandes sacrificios (prostitución, ella; castración, él), son esclavizados, sobreviven a los demás y al tormento de su interior. Una oda a la palabra escrita. A las tradiciones orales. Una muestra del tronco común que dio origen al islam y al cristianismo. Un portento de más de 600 páginas. Esto por un lado. Por el otro Kiki de Montparnasse, la historia de una mujer que logró lo que Woody Allen intentó en Midnight in Paris: ser el vórtice donde confluyó esa camada de genios que habitó París en la entreguerra. Modigliani, Man Ray, Picasso, Hemingway, Breton y un largo etcétera. Una mujer dueña de su alma y de su cuerpo. Que desafió la idea de que el presente es un mero trampolín para el futuro hasta que éste la alcanzó. Una mujer cuya biografía reúne la esencia de los exultantes años veinte franceses. Guión e ilustraciones magistrales por parte de Catel y Bocquet respectivamente. Con un útil sumario cronológico como apéndice seguido de notas biográficas de los artistas que desfilan en la finísima edición de Sins Entido. El arte en el centro de la sociedad. Como su espejo, su antagonista y su cronista por excelencia. Dos títulos que adornarían hasta la biblioteca más selecta. Eso. Ahí hay algo nuevo, actual, propositivo. Así que sí, con eso nos quedamos.

Por: Diego Rabasa. Editor, columnista y, por si fuera poco, americanista.

Imagen: Extracto del libro Habibi, de Craig Thompson, editorial Astiberri.