NO ME GUSTAN LOS DEPORTES

NO ME GUSTAN LOS DEPORTES

Que no soy un atleta se me nota a la legua.
No puedo dejar de asociar el estallido sordo de decenas de balones al patearse durante la hora del recreo con mi temprana sensación de marginalidad. La clase de deportes siempre fue para mí un suplicio. Así que muy pronto en la vida hallé refugio en la vida contemplativa (lo que hoy mis alumnos universitarios llaman la ñoñez) y clasifiqué a los deportistas y su actividad como mi enemigo natural. Por eso el tema de este mes me pone en aprietos.

No me sorprende la escasa relación entre creación literaria y deportes. Al menos en nuestro país. Destaca desde luego Dios es redondo de mi querido Juan Villoro, a quien le perdono todo, hasta que sea un apasionado del fucho. Pero como bien señalaba hace algunos años Mauricio Carrera en las páginas de la desaparecida revista Día Siete, no existe en México una gran novela deportiva, una cuyo tema central sea la disciplina y pasión por un deporte, sea este soccer, futbol americano (¿qué esperas para escribirla, Mauricio?), básquet o beisbol.

Y por gran novela me refiero a una de tal envergadura que pueda ser colocada al lado de las grandes obras de la narrativa mexicana, que pueda ser vecina de Juan Rulfo y Fernando del Paso. A cambio conozco varios cuentos sobre futbol. Recuerdo con especial inquietud uno de Ernesto Murguía, incluido en su libro Las puertas de la oscuridad, sobre un jugador menor al que se le encargan fracturar durante el juego a un futbolista rival. El hombre accede y trunca de golpe las aspiraciones de una estrella ascendente sólo para regodearse en su amarga mediocridad.

Cámara húngara, de Javier García-Galiano, no es exactamente una novela deportiva, se trata más bien de una novela negra que se desenvuelve alrededor del oscuro mundo de las porras y las mafias que las controlan. Brillante y de elegante concisión, fue recibida en su momento con tibieza; creo que merece tener muchos más lectores. Altamente recomendable.

Nuestro cine ha visitado las canchas y cuadriláteros de todo tipo muchas más veces. En la cinematografía nacional, las cintas de futbol, de luchadores, de toreros y de box se han vuelto subgéneros específicos, con cánones y reglas. De todas ellas, haciendo a un lado las de luchadores que se cuecen aparte (mucho más cercano a mis aficiones nerds) mi favorita es Nocaut (1984), de José Luis García Agraz. En ella, Gonzalo Vega —grande entre los grandes —interpreta a un pugilista desesperado, metido sin remedio en las oscuras intrigas de la mafia del box. Especialmente memorable es la actuación de Alejandro Parodi, uno de nuestros mejores character actors, nunca aprovechado como se merecía.

Siempre pierdo amigos cuando digo que mi película favorita sobre futbol es Rudo y cursi (Cuarón, 2008) pero es que esta cinta parece hecha para los que odiamos el deporte del pantaloncillo corto. Recuerdo haber entrado con mi esposa a la sala, escuchar los primeros diálogos y pensar “¿dónde diablos me vine a meter?”, sólo para ser agradablemente sorprendido por una comedia fresca e ingeniosa en la que afortunadamente no se ve más que unos segundos de juego.

Finalmente, y como practicante tardío de Tae Kwon Do, siento tener la autorización del (casi) villamelón para nombrar mi película favorita sobre artes marciales de todos los tiempos. Desde luego los nombres de Bruce Lee y Jackie Chan vienen a la cabeza de inmediato. Los suyos son más títulos de lo que es prudente numerar aquí. Pero a riesgo de que los pocos amigos que me quedaban después de lo de Rudo y cursi dejen de dirigirme la palabra, diré que me decanto por Kung Fu Panda.

Y es que la esencia misma del deporte de contacto, que es el superar los restos empezando por las propias limitaciones está mejor reflejado en esta cinta animada que en las acrobacias de cualquier otro karateka del cine. He ahí un héroe con el que me puedo identificar. La razón de ello, creo,  también se nota a la legua.

Por Bernardo Fernández, Bef. Dibujante de cómics y novelista. Empezó a practicar tae kwon do a los 37 años y ya es cinta amarilla.

Imagen: El inolvidable Bruce “Pequeño Dragón” Lee en acción. Latinstock/Corbis.

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